Este es un cuadro de los de observar con tiempo y paciencia para descubrir sus detalles. Se trata de un tema conocido: el enfrentamiento entre dos principios antitéticos: el placer y la renuncia a él, personificados por Carnal y Cuaresma.
Es en realidad una recreación del calendario religioso ya que antes de emprender la cuaresma con ayuno, abstinencia y renuncias, nos desmelenamos en Carnaval, fechas en que los excesos parecen permitidos.
Brueghel estructura la escena entre los dos bandos enfrentados, a la izquierda aparece Don Carnal, muy gordo y montado en una cuba, seguido de sus discípulos, en un ambiente de fiesta y jolgorio. Están disfrazados, cantando, riendo y jugando. Todo lo contrario sucede en el lado derecho: Doña Cuaresma, representada como un anciano famélico es seguido por un grupo de personajes hambrientos, tullidos, ciegos, incluso algún cadáver.
Mientras Carnal lleva un super-pincho de cerdo para comérselo, Doña Cuaresma lleva dos escuálidas sardinillas. Según algunos críticos de arte, los seguidores de Don Carnal serían los protestantes y los de Doña Cuaresma los católicos.
Justo en el centro del cuadro, un bufón guía a dos adultos con una antorcha encendida a pesar de estar en pleno día. Sería la alusión de Bruegel a que el mundo está al revés y los humanos llenos de contradicciones.
Al fondo contemplamos una ciudad con gran lujo de escenas costumbristas, como por ejemplo transporte de cadáveres, juegos varios, venta de pescado, sacando agua de un pozo, monjas saliendo de la iglesia, bebedores callejeros, tabernas, panaderías, músicos...y tullidos.




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