La pasión del pueblo uruguayo hacia el Carnaval es un fenómeno difícil de explicar por los sociólogos. Junto con el mate y el fútbol son los elementos más distintivos de nuestra idiosincrasia.Para alguien que no resida en Uruguay, le resultaría muy difícil entender una fiesta de tan extensa duración (récord mundial en la materia) y que transforma el ritmo de vida de los montevideanos. Durante un mes y medio, el bullicio se prolonga hasta altas horas de la madrugada, desde las zonas de clase baja, hasta las de clase media y media alta, porque el espectro de gente que atrapa el Carnaval es muy amplio y prácticamente abarca todas las clases sociales.
Si en el presente tiene una enorme repercusión, aún más la tuvo
en el pasado. Datos estadísticos de principios de siglo, indican que un 90% de la población montevideana participaba, de una u otra manera, en los festejos. Esto era fácil de constatar teniendo en cuenta los nombres de connotados políticos que, voluntariamente, intervenían en las comisiones encargadas de la organización de las celebraciones del Carnaval; un ejemplo de ello, son los nombres de José Batlle y Ordóñez y Luis Alberto de Herrera -dos de la personalidades más notorias y representativas de los partidos tradicionales- quienes sumaron sus aportes durante un tiempo muy prolongado.


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